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Exploración física

La exploración de la glándula tiroidea constituye un método sencillo para la detección precoz de la enfermedad, ya que en la misma glándula tiroidea es donde casi siempre se observa la disfunción principal. Las anomalías tiroideas suelen adquirir la forma de una inflamación difusa (bocio), de nódulo(s) o de cambios en la consistencia de la glándula. Puesto que la exploración del tiroides es una tarea relativamente sencilla, todos los médicos deberían estar capacitados para realizarla.

La clave para realizar una exploración precisa del tiroides reside más en la comprobación visual que en la palpación.

El médico debe localizar visualmente los cartílagos laríngeos y los tres primeros anillos traqueales. Para estos últimos puede ser necesaria una confirmación mediante palpación. Los dos lóbulos de la glándula tiroidea suelen encontrarse a los lados de la tráquea, a la altura del segundo y tercer anillo traqueal. Utilizando una intensidad adecuada de luz oblicua, se le pide al paciente que trague saliva. El médico debe intentar ver los dos lóbulos tiroideos alargados al elevarse y caer junto con la tráquea durante la deglución. Si se observa un aumento de tamaño significativo, se podrán ver uno o los dos lóbulos. Algunas veces, una glándula normal también puede verse en pacientes con cuellos largos y finos, pero esta circunstancia no es muy común. Por el contrario, en pacientes con cuellos cortos o gruesos, incluso las glándulas tiroideas inflamadas pueden no observarse debido a que están ocultas por tejidos subcutáneos. Con hipertrofia difusa, la glándula se ensancha con frecuencia de forma asimétrica, siendo el lóbulo derecho más grande que el izquierdo. Asimismo, el ensanchamiento del istmo tiroideo (se localiza en el tercer anillo traqueal y no suele palparse) suele observarse junto con la hiperplasia difusa y, en casos extremos, puede llegar a formar una tercera masa tiroidea que puede alcanzar el mismo tamaño que los dos lóbulos tiroideos. Esta circunstancia suele observarse en pacientes con una historia de bocio nodular de larga permanencia.

Sólo después una observación exhaustiva del cuello y del tiroides, debe comenzar el médico con la palpación. La glándula tiroidea normal es muy suave, con la consistencia del tejido graso, por lo que no es fácil de distinguir de otras estructuras del cuello, salvo al tragar. Para ayudar al paciente a tragar se le puede indicar que tome varios sorbos de agua. Si el tiroides puede palparse sin necesidad de tragar, entonces es muy probable que exista alguna enfermedad. En determinadas patologías, la glándula puede tener la consistencia un ganglio linfático, como en el caso de la tiroiditis autoinmune crónica (tiroiditis de Hashimoto), o puede ser muy dura, como en el caso del quiste tiroideo. La palpación de la glándula tiroidea puede realizarse mediante un acceso posterior o anterior según sea más cómodo y sencillo tanto para el médico como para el paciente. Cuando la glándula se localiza en la zona inferior del cuello o en posición retroesternal, la exploración puede resultar más sencilla si se coloca al paciente en decúbito supino con el cuello completamente extendido.

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